Todos hundidos…
¿Dónde?
En ese eco, es ese eco que murmura.
¿Entre todo este silencio?
Claro, no lo ves, porque no está. Es el eco en el silencio mismo, en la indiferencia humana que nos vuelve inmunes a las caricias.
Pero las siento, esas como las de ahora decís.
Pero estas están llenas.
¿De silencios?
Sanadores, que nos declinan a la profundidad blanca, que nos inunda y expande, crecemos ¿ves?
En cambio, allá, están negros, recubiertos de ese petróleo matutino, que se oscurece con cada gota de silencio, y vuelve inmune a las pobres victimas.
Victimas no, es cuestión de elección, nadie nos felicita por estar acá…lo queremos, ellos también…que se yo, tal vez sea su lugar, hasta nos desprecian por las diferencias.
Envidian.
No, realmente piensan que estaran bien, le agradecen a esa gran masa llena de basuras recubiertas.
Encubiertas.
Eso seguro, pero lo importante es, ahora si, notarlo, como ahora, en el sentimiento de la caricia que nos encuentra solos, aun que nunca indiferentes.
Indiferentes nunca, no lo olvides.
No dejes de acariciarme, es mi recordatorio, del porqué…
¿Qué porqué?
Porque estoy aquí, siendo libre en una caricia, la tuya.
Y las mias reflejos de las que recuerdo, de alguna noche, las pasadas mariposas, tan silenciosas…
Ese si era silencio, del bueno digo.
Creado por una gota, de agua, y varias de miradas.
Si pudieran todos mirarse a los ojos sin decir nada, solo mirarse y así encontrar la humanidad que nos retiene todavía aquí, digo aquí y digo vivos.
Entonces, solo entonces, todo sería como se debe…
No, simplemente “sería”, por primera vez todos empezaríamos a ser…
Maravillosos.
Puros. Privados de todo, solo las almas…
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