03 octubre, 2013

Nombraronse los piola

Siempre nos reunimos, vivimos organizando comidas y salidas, nunca nunca salimos, que vejestorios. Después de un buen rato concluimos en que “somos gente de película”. Iguales a las imágenes, como una impresión. Quizá ya descubrí como funciona, somos como un plagio permanente, digo, no solo nosotros, todos. Nos construimos en base a lo que vemos y por eso estamos acá, teniendo pinta de snobs, pero no, en realidad somos niños que no pueden dejar de manifestar el contenido, que día tras día filtramos, obvio que no nos damos cuenta. También estamos bien educados, claro, nos mostramos amables con los desconocidos, nos mimamos, y comemos bien. Como una familia, nos refugiamos en la casa, hacemos fuego y nos sentamos alrededor de la mesa a: no se che. Entonces alguien piensa: seguro hace calor acá adentro, todos tenemos las mejillas coloradas. Y ese alguien no puede ser otro que Pau, que nos cuida y observa, también sabe darse cuenta de que hacemos mucho ruido, yo también lo percibo y me sofoco. Por suerte podemos limitarnos y ser individuales; aunque también nos molestamos, como ahora Lai, que me invade, me ataca en la habitación y me invita a escribir juntas, pero después se duerme. Porque en realidad somos cada uno en su interior que se irrita de a ratos, o no se irrita, pero se encierra y boceta, algunos imágenes, otros frases. Entonces también estamos solos y juntos y nos miramos los interiores mediante las hojas, que ahora están por todas partes, la mesa es el caos de lo que somos. Así nos conocemos y nos desconocemos, igual es un rato nomas, porque después alguien toca la guitarra, y los otros cantan. Ellos, porque ese no es mi rubro, más bien ninguno lo es, soy la ameba que evalúa, que suele reunirlos y así creo mi pequeño universo, donde disfruto de observarlos. Voy a confesarlo, seguro es mentira, pero de alguna manera, me siento la creadora de esto. Igual no se crean que es acto de grandeza, en verdad es solo inercia. Así me veo, observándolos, disfrutando de babear, de hacerlos encuentro.
Después todos volvemos a nuestro rinconcito y la ciudad nos invade, pero eso no lo vamos a pensar ahora. No tenemos tiempo para eso. No tenemos tiempo para nada, por eso nos reunimos, porque en realidad al tiempo lo construimos, y así lo hacemos nosotros. Nos encanta olvidarnos del tiempo.

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