Aquel pedacito de cielo, era la descarga
máxima de mis energías, la síntesis de todo aquello que de alguna manera, en
ese momento me marcaba. Las imposiciones, eso era, las imposiciones mas bellas
y déspotas que en mi cabeza habitan…o claro, las de antaño. Un cuadrilátero de
apenas espesor retenía la pedante magia de mi ser, polvo era desde principio al
fin, venimos del polvo, soy polvo tu eres polvo, y luz, polvo y luz. Luz de
rabias dolorosas, lloroncitas o inocentes, además, las mas vitales formas de mi
persona, las múltiples facetas estampadas en cada forma y color que se
apoderara en mi imagen de ellas y las llevara a ser objetos, esparcidos por ese
sin fin de cuadrilátero, cuadradito de ‘yo’, cuadrilátero inalterable
(¿inalterable?).
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