¡Asquerosa
feminidad, entrañar seres cuasi pegajosos! Quizás podríamos jugar a ser
pecadores y reunir látex de lo que no fue, quitarme la feminidad un rato,
colgarrla y luego borrar con gomas de Marisa que borra. Como si los plásticos
nos tomaran, y nos hicieran ellos, pequeñitos y húmedos, y así “no fuimos”,
como ellos. Pero que felicidad la elección primera de llegar al mundo, así:
rosados, sonrientes y sudorosos. Estoy segura que no será casualidad que
tengamos todavía inocencia, a tan alta edad, y todavía sudorosos, tengamos
piedad y pena, como la tuvimos siempre, del hecho mismo que ni a hecho llega.
Puaj, si.